La psicología social es algo que nos atañe a todos,
porque pasamos gran parte de nuestro tiempo con otras personas, influyéndoles
de un modo u otro o siendo influidos por ellos.
Los niños pequeños no nacen racistas. De hecho, aceptan las diferencias
entre las personas de un modo absolutamente natural. Después, cuando se ven
sometidos a la influencia de sus padres, amigos o ambiente social, es cuando
pueden llegar a desarrollar terribles prejuicios
sociales.
Cuando observas varias líneas de diversa longitud y debes decir cuál es la
más larga de todas, no tienes ninguna duda, pues puedes verlo con claridad.
Pero si todos los integrantes de un grupo de personas señalan una línea
diferente, existe una alta probabilidad de que, en tu turno, optes por señalar
la misma línea que los demás, aún pensando que no es la respuesta correcta.
Si los padres de una niña felicitan y sonríen a su hija cada vez que la ven
interesarse por muñecas o por juegos considerados femeninos, la niña acabará
mostrando una clara predilección por dichos juegos. Entonces los padres, que no
han sido conscientes de su influencia, pues ni siquiera se daban cuenta de
ello, pensarán que su hija se interesa por esos juegos por ser niña. Pero la
verdadera respuesta sobre lo que habría interesado a su hija de no recibir
influencia alguna nunca la sabrán.
¿Qué estudian los psicólogos sociales?
Los psicólogos sociales se hacen preguntas como: ¿de qué manera se ve la
gente influenciada por los demás? ¿Qué hace que aumente o disminuya la
efectividad de la influencia
social? ¿Esa influencia es permanente o solo tiene un efecto
transitorio? ¿Cómo llega una persona a odiar o apreciar a otra? ¿Cómo se
desarrollan los prejuicios? Para responder a esta y otras preguntas, los psicólogos sociales diseñan
experimentos en el que participan grupos de personas. Los resultados de estos
experimentos vienen a menudo a corroborar lo que cualquier persona podría
esperar antes de hacer dichos experimentos, pero con frecuencia sucede justo lo
contrario.
Por ejemplo, cuando se amenaza a una persona con un castigo moderado por
hacer algo, tiende a desarrollar desagrado por el comportamiento prohibido,
pero cuando se la amenaza con un castigo severo, la conducta prohibida pasa a
gustarle un poco más.Si sabemos que alguien habla a menudo muy bien de nosotros a nuestras espaldas, esa persona nos gusta más (lo cual parece lo esperado), pero si además de hacer comentarios agradables sobre nosotros, hace también comentarios desagradables, nos gusta todavía más (y eso sí resulta ya un poco más chocante).
La influencia social puede llegar a ser tan fuerte como para que un grupo de personas acabe cometiendo un suicidio colectivo, como sucedió en 1997 en el Rancho Santa Fe, en California, entre los miembros de una secta. Unos meses antes, habían comprado un telescopio para ver al cometa Hale-Bopp y la nave espacial que viajaba tras él para recogerlos y llevarlos a una vida nueva. Poco después, devolvían el telescopio diciendo que estaba defectuoso, porque no pudieron ver la nave con él.
Quizás uno de los aspectos más llamativos del comportamiento humano sucede cuando vemos cómo un grupo de personas normales se acaba comportando de forma anormal bajo determinadas circunstancias, como pudo comprobarse en el famoso experimento de Zimbardo. Y esto nos lleva directamente a la primera ley de Aronson: “No todos los que hacen locuras están locos”. La psicología social es la que nos explica por qué.
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